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domingo, 29 de septiembre de 2024

DR. ALLEN OLDFATHER WHIPPLE

Whipple tuvo su cuna en el seno de una ancestral y provechosa familia cristiana de la Nueva Inglaterra. Sus padres eran misioneros cristianos, quienes en sus años mozos, fueron enviados al Medio Oriente.
Whipple padre tenía un concepto de la vida casi espartano. Era un verdadero peregrino, quien tomó con profunda seriedad la difusión y propagación del cristianismo en la tierra del Islam. Su misión, la conversión de personas no cristianas, fue su filosofía de la vida, misma que no incluía el interés sobre lo material.
Ahí, en la mítica y bíblica Persia (ahora Irán), muy cerca de Urmia, al sur del Monte Ararat (sitio que se presume de ser el lugar donde atracó el Arca de Noé), nació Allen Oldfather Whipple, el 2 de septiembre del año 1881.
La familia Whipple vivía de una forma sumamente modesta, y la educación de Allen O. fue cristiana, estricta, sencilla y cimentada sobre el idealismo ligado a la realidad. Aún sin llegar a ser adulto, ya conocía y comenzaba a dominar tanto el idioma inglés así como el sirio y el turco, de modo que a los 9 años de edad, cuando la familia emprendió la peregrinación de regreso a casa, el pequeño Whipple tenía nociones de cinco idiomas.
Ya en tierras americanas, inicialmente en Rockville, Indiana, Whipple continuó sus estudios completando su bachillerato en Duluth, Minnesota. En su circulo escolar, era uno de los más apreciados y, al mismo tiempo, fue calificado por unanimidad como el compañero más “prometedor” de su clase. 
Durante su adolescencia, el fallecimiento de su padre lo orilló a buscar fuentes de ingreso, por lo que en sus tiempos libres, impartía clases particulares de latín, lo que le remuneraba cierta ganancia.
Llegado el tiempo de la educación superior, Whipple asistió a algunas universidades de los Estados Unidos, para finalmente obtener su título universitario de la prestigiosa Princeton en 1904.
Obtuvo su licencia como médico en 1908 en otro sitio no menos afamado: Columbia University College of Physicians and Surgeons, en Nueva York. Durante su educación médica de pregrado, Allen O se identificó con el anatomista Huntington, a quién llegó a considerar como un magnífico guía y maestro, no sólo en las ciencias básicas, sino como modelo en el sentido humanista de la medicina.
El entrenamiento quirúrgico de postgrado de Allen O. Whipple comenzó inmediatamente después de su graduación en Columbia, sirviendo como interno y residente en el Roosevelt Hospital de Nueva York hasta 1911, para luego incorporarse a la plantilla académica y al “staff” quirúrgico del Presbyterian Hospital en la misma ciudad.
Diez años después, se convertiría en jefe de cirugía del Presbyterian Hospital y el primer profesor de tiempo completo en dicha institución, hasta 1930, cuando, dado su brillante desempeño, Columbia University College of Physicians and Surgeons crea y le confiere la jefatura “Valentin Mott” del departamento de cirugía, además de la creación de la dirección de los servicios quirúrgicos de la universidad.
Whipple permanecería en esta posición durante los siguientes 16 años.
El interés medico quirúrgico de Whipple se orientó hacia la síntesis de conocimientos anatómicos, fisiológicos y quirúrgicos del páncreas, el bazo, la circulación portal y los conductos biliares. 
A principio de la década de los años treinta del siglo XX, funda junto a su colega el doctor Walter W. Palmer, profesor Bard del departamento de medicina, la llamada “Clínica de bazo”. 
El nombre de esta consulta no reflejaba de forma fiel el acontecer diario de la misma, puesto que ella representaba un equipo multidisciplinario compuesto por cirujanos, médicos internistas, hematólogos y patólogos que se encargaban del estudio de diversas enfermedades hepatopancreatobiliares y esplénicas. 
Al mando de Whipple, la Clínica de Bazo del Presbyterian Hospital, además de realizar estudios clínicos cuidadosos, fue la pionera en el desarrollo y seguimiento a largo plazo de los pacientes y fue el prototipo de otras en concentrar información, destrezas y habilidades de diversas especialidades médicas.
En esta clínica, teniendo como colaboradores a personalidades tan importantes como Arthur H. Blakemore, Lois M. Rousselot, J.W. Lord y W.D. Thompson, se realizaron importantes avances, tales como la esplenectomía como medida terapéutica en la púrpura trombótica trombocitopénica. Whipple, por medio de la medición directa de la presión venosa portal durante el transoperatorio, y tomando como base la hipótesis de McNee y McMichael de la hipertensión portal en el síndrome de Banti, demostró el papel de la hipertensión portal extrahepática e intrahepática en esta enfermedad, desafiando así el concepto clásico de esplenomegalia primaria en la mencionada entidad nosológica en el año de 1936. 
La concentración a largo plazo en el papel de la congestión esplácnica en la hemorragia por várices esofagogástricas llevó a la evaluación del concepto del bloqueo de los sinusoides en la génesis de la hipertensión portal.
Allen Whipple y sus asociados fueron capaces de definir el mecanismo específico en la mayoría de los casos estudiados por ellos y fueron lo suficientemente meticulosos para determinar que en muy pocos pacientes el factor de la obstrucción era no determinado. 
Una vez establecido el precursor etiológico de la hemorragia variceal y la demostración de que la esplenectomía por sí sola no curaba a los pacientes de una hemorragia fatal, el doctor Whipple fue uno de los primeros en exponer y llevar a cabo la descompresión del sistema portal en los seres humanos. Esto dio inicio a la adaptación de la fístula de Eck en el ser humano, el “shunt” porto cava termino-lateral, y además, al “shunt” esplenorrenal.

El procedimiento original (dos etapas)
La cirugía descrita por Whipple en 1935 consistía en una resección de la segunda y tercera porción del duodeno, junto con una cuña de tejido pancreático que rodeaba el tumor. La primera y cuarta porción del duodeno no eran resecadas, sino invertidas y suturadas. El colédoco era ligado, después de una colecistogastroenterostomía y de la ligadura y transfixión del borde quirúrgico del páncreas. 
Es de observarse que este procedimiento inicial no incluía la anastomosis pancreato-entérica, ni una resección gástrica. 
Según su propio recuento: “En agosto de 1934, un paciente masculino fue admitido al Hospital Presbyterian con la historia y diagnóstico de carcinoma de ampolla de Váter. La primera etapa fue una colecistogastrostomía para aliviar la marcada ictericia. Esto fue un error, un mal procedimiento para derivar la obstrucción biliar; pero debido a la dificultad de realizar la segunda etapa, como habíamos encontrado en un paciente con colédoco-duodenostomía, se realizó la colecistogastrostomía. El paciente se encontraba en el servicio del doctor Parsons al cual asistí en la segunda etapa del procedimiento, que consistió en una duodenectomía parcial, con la remoción del crecimiento ampular y una parte de la cabeza del páncreas.
Esto fue seguido de una duodeno-duodenostomía y la ligadura del área resecada de la cabeza del páncreas. Este paciente fue readmitido nueve meses después con evidencia de colangitis severa, lo que causó su muerte. La autopsia reveló estenosis de la colecistogastrostomía, colelitiasis y abscesos hepáticos múltiples”. 
Tomando en cuenta los estudios de Lester Dragstedt sobre duodenectomía en perros, Whipple consideró la idea de una remoción radical en bloque de todo el duodeno y la cabeza del páncreas.
“Así que cuando el siguiente paciente (un hombre de 49 años) con un tumor similar al anterior fue admitido en febrero de 1935, la operación radical en dos etapas fue llevada a cabo. Se realizó una colecistogastrostomía para aliviar la ictericia. Después de eliminar la ictericia, removí todo el duodeno y una gran parte de la cabeza del páncreas y realicé una gastroyeyunostomía posterior. La cabeza del páncreas seccionada fue cerrada junto con el conducto pancreático y la parte inferior del conducto biliar. Se utilizó seda en todas las operaciones. Este paciente toleró los procedimientos bien y vivió por 25 meses, hasta que desarrolló metástasis hepáticas que causaron su muerte”.
Sus resultados fueron publicados en la prestigiosa Annals of Surgery en 1935, con una pequeña figura esquemática de los pasos del procedimiento.
En 1946, después de su retiro como jefe de cirugía en el Presbyterian Hospital, después de adiestrar alrededor de trescientos cirujanos, la actividad educativa y profesional de Allen O. Whipple continuó en otras instituciones médicas de renombrada academia. 
Fue invitado a la reestructuración del entrenamiento médico del Hospital Memorial de Nueva York, invitación a la cual respondió sin duda alguna. Posteriormente, le fue encomendada la misma labor en la Universidad Americana de Beirut en Líbano, en la que trabajó como consejero hasta 1957.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Whipple fue miembro del Consejo Nacional de Investigación en Cirugía y fue consultante del Consejo de Cirugía de la Gran Bretaña en el Norte de África. 
Una de sus últimas tareas educativas fue el asumir en 1951 la jefatura principal como consejero y consejero emérito de su alma mater, Princeton. Ahí, logró reorganizar el programa académico de cirugía tanto en la escuela de medicina como la introducción del programa de residencia en dicha universidad. Whipple permaneció en este cargo hasta el día de su muerte.

Honores, cargos y condecoraciones
El doctor Whipple fue miembro honorario de un gran número de sociedades médico-quirúrgicas americanas e internacionales recibió múltiples títulos honorarios a saber:
Premio Servicio Distinguido, Centro Médico Columbia-Presbyterian
Premio Servicio Distinguido, Colegio Americano de Cirujanos
Premio Servicio Distinguido, Asociación Médica Americana
Premio Graham, Universidad de Washington en San Luis
Premio Woodrow Wilson, Universidad Princeton
Título Honorario, Universidad Columbia
Título Honorario, Universidad de Chicago
Título Honorario, Universidad de Washington en San Luis
Título Honorario, Universidad Princeton
Miembro y Presidente, Consejo Americano de Cirugía
Miembro y Presidente, Sociedad Quirúrgica de Nueva York
Miembro y Presidente, Asociación Americana de Cirugía
Miembro, Academia de Medicina de Nueva York
Miembro, Sociedad de Cirugía Clínica
Fellow, Colegio Americano de Cirujanos
Fellow Honorario, Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra.

Como honra a su trayectoria, en 1952 se estableció la sociedad quirúrgica Allen O. Whipple, fueron fundadores más de 300 ex–residentes del Hospital Presbyterian. El objetivo de esta sociedad de acuerdo a su acta de constitución fue: “El propósito de la sociedad deberá albergar y preservar los ideales y las enseñanzas de Allen O. Whipple, promulgar la práctica de sus principios en la enseñanza de cirugía y hacer continuo el estudio de la educación quirúrgica”.
Otro de sus notables reconocimientos ocurrió en el año de 1958, cuando la Universidad de Princeton le confirió la condecoración Woodrow Wilson, la cual se otorga a los exalumnos que “ejemplifican de mejor manera a Princeton en el servicio a la nación”.
El cirujano, el maestro y la persona Whipple siempre prestó particular atención hacia la educación médica y siempre intercedió a favor de una formación quirúrgica profunda, sólida, teórico-práctica, apoyando un sistema de evaluación bastante estricto. Era un ferviente enamorado de la habilidad manual, más nunca se precipitaba durante algún procedimiento, por el contrario, trabajaba en un ritmo cadencioso, lo cual no consideraba una pérdida inútil de tiempo. 
De acuerdo a su filosofía, los buenos conocimientos anatómicos y el dominio de técnicas medidas eran aspectos más importantes que el ganar tiempo a través de una velocidad virtuosa. En forma efusiva, sus estudiantes y residentes orgullosos mencionaban: “Whipple trabaja despacio, porque primero opera con la cabeza y después con las manos”. 
Él estaba a favor de la individualización de cada procedimiento quirúrgico: “La operación se debe de adaptar al paciente y no el paciente a la operación”.
Whipple era crítico consigo mismo, por lo que siempre se prestaba a exigir lo mismo de sus compañeros de trabajo. No obstante todo su conocimiento científico, era un hombre profundamente religioso, un místico de corazón. Siempre estuvo interesado en el bienestar espiritual de sus pacientes. Solía decir: “Si alguien se dirige al quirófano convencido de que va a morir, cuidado, puede ser apto de que ocurra”. O probablemente se encontraría una nota escrita por él en alguno de los expedientes de sus pacientes: “La fe de este hombre lo llevó a través de todo”.
Sus ideas acerca de la importancia de la educación y de sus maestros pueden ser claramente interpretadas en sus propias palabras: “Escoge bien a tus maestros, porque su influencia puede ser evidente y duradera. Debería estar siempre agradecido de los míos, especialmente aquéllos en cirugía aquí en Nueva York” y después de una pausa “ y Halsted, por adopción”.
Desde su juventud, Whipple fue gran amigo de Halsted. De él aprendió, además de sus principios quirúrgicos, gran parte de su talento organizador y el tener iniciativa para la ejecución y fundación de métodos educativos modernos. El fue un gran devoto de guiar, educar y alentar a los demás. Era realmente apreciado por los residentes y los estudiantes. Era un consejero que predicaba con el ejemplo, siendo su dedicación al trabajo una inspiración. Él estimulaba no sólo a la dedicación a los demás, sino también a la integridad, a la fuerza moral y a la responsabilidad, esto como producto de sus convicciones religiosas y su fe.
Sus trabajos escritos siempre reflejaron sus diversos intereses, los cuales continuaron aun retirados de los centros médicos. Publicó más de 110 artículos, capítulos y ensayos. Su última obra, el libro titulado “La historia de la cicatrización de las heridas y la reparación de las heridas” resume la historia y la filosofía de este elemento fundamental de la cirugía. Esta monografía fue publicada justo antes de su deceso.
Además de ser reconocido por sus grandes cualidades quirúrgicas, su fineza como persona no era menor. “Tenía un muy buen humor. Era un maravilloso y comprensivo confidente... Parecía estar más interesado en las personas que en cualquier otra cosa...Parecía ir por la vida convencido que cualquier ser humano tenía más cosas buenas que malas. Su mente siempre fue flexible, susceptible a las nuevas ideas”.
Whipple tenía una presencia gallarda. Era alto, enjuto, con una mirada inteligente. Su frente amplia y el cabello blanco le daban el aspecto de una persona de respeto y edad. Tenía una expresión taciturna, no obstante su expresión facial también daba la impresión de hablar, preguntar y explicar. Whipple dejaba percibir una marcada aristocracia y un gran dominio de sí mismo. A pesar de su sobriedad, era un hombre que podía brindar una amistad cordial, buena y cariñosa. Era un hombre polifacético; culto y talentoso.
Era un gran amigo de la música, en especial de la música de cámara, por la cual se reunía con sus amigos semanalmente en su casa para disfrutar de obras selectas. Su gusto por la música se demostraba a través de comentarios críticos que hacia a sus residentes en las cirugía: “Andante Doctor-Andante”. Tuvo un gran interés por las artes plásticas. 
Cultivaba flores, en especial rosas, era un gran jugador de ajedrez y se ocupaba con gran alegría de la historia de los tapetes orientales. 
Después de su retiro en 1946, se interesó en la historia de su natal Irán, específicamente en su herencia médica. Su afición a la historia de la medicina lo llevó de regreso al medio este en 1959, donde visitó Damasco y Palmira, en búsqueda de los vestigios de los primeros hospitales musulmanes.
De esta odisea, se origina “El papel de los nestorianos y los musulmanes en la historia de la medicina”, editado de manera póstuma en 1967.
Tenía una vida familiar armoniosa, con una pareja afortunada. El gran interés de su esposa por su profesión y la música (ella era una buena pianista), seguramente contribuyeron considerablemente a la felicidad y estrecha unión familiar. Al momento de su muerte, le sobrevivían una hija y nieto.

Epílogo 
La muerte encontró a Whipple el 6 de abril de 1963 viviendo en Nueva Jersey, muy cerca de Princeton.
Un pequeño extracto de las minutas del Consejo Médico del Presbyterian Hospital se yergue como un último tributo: “Todos aquí le debemos más de lo que sabemos. Con verdadera humildad, siempre menospreció sus contribuciones y los honores que ganó en afán de la continua búsqueda de nuevas avenidas de servicio. Es ahí donde su estatura se alza como una gran montaña, donde uno la ve a una gran distancia".

* Dr. Gustavo Martínez Mier (Miembro de la Asociación Mexicana de Cirugía General) - Revista "Cirujano General" - 2002

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