Nacido en Zurich, Suiza, el 8 de noviembre de 1884 en una vieja familia protestante del cantón de Thurgovia, Hermann Rorschach puso de manifiesto muy pronto un gusto acentuado por el dibujo.
Su padre, de pocos recursos económicos, era un pintor sin gran éxito en su profesión y que daba clases de pintura en una escuela preparatoria para varones.
Cuando sus padres se trasladaron a Schaffhausen no contaba aún los dos años de edad.
Hermann tenía casi cinco años cuando nació su hermana Ana, el 10 de agosto de 1888. Contaba siete años de edad cuando nació su hermano Paul, el 10 de diciembre de 1912. Su madre falleció el 11 de julio de 1897, cuando Hermann contaba doce años.
Los dos años siguientes parecen haber sido especialmente desgraciados. En el hogar, sin madre, se sucedieron diversas amas de llaves encargadas del cuidado de la casa y de los tres niños, hasta que el padre contrajo nuevo matrimonio con la joven hermanastra de su difunta esposa, Regina Wiedenkeller. De este segundo matrimonio nació el 7 de marzo de 1900 una niña, que fue bautizada con el nombre de Regina.
La madrastra parece haber sido una mujer activa y enérgica, aunque, por motivos ignorados, tuvo lugar más adelante un alejamiento entre ella y el joven Hermann. Poco despues comenzó a padecer, Ulrich Rorschach, una enfermedad incurable, que le obligó, finalmente, a abandonar, el 7 de marzo de 1902, su trabajo. Falleció el 8 de junio de 1903, cuando Hermann tenía dieciocho años.
Finalizados sus estudios en la escuela primaria, pasó Hermann a la escuela cantonal. A esta última, que era conocida por la actividad y competencia de su personal docente y por su elevado nivel pedagógico, asistió durante seis años, de 1898 a 1904.
Es interesante que los compañeros de clase de Hermann le hayan puesto el sobrenombre de "Klex", porque era muy hábil en la "flexografía", juego con manchas de tinta difundido entre los escolares y conocido desde que Justinius Kerner (1786-1862) publicó en 1857 su Kleksographien, conjunto de dibujos obtenidos a partir de manchas, y poemas inspirados por ellos. El juego consiste en manchar con tinta una hoja de papel y después plegarla, con lo cual las manchas toman formas diversas: de objetos, de animales, de plantas, etcétera.
Rorschach no se hallaba decidido aún, ni mucho menos, acerca del camino a emprender al final de sus estudios en Schaffhausen. Parece ser que dudó mucho entre el Arte y las Ciencias Naturales. Ante este dilema, el joven escribi6 al famoso naturalista alemán Ernst Haeckel, que residía en Jena, para preguntarle qué estudios había de elegir. Como era de esperar, Haeckel le aconsejó que estudiase Ciencias Naturales. Hemos de admitir que el joven Hermann buscó aquí inconscientemente una confirmación de su vocación secreta.
Se decidió finalmente por la Medicina, y fue lo bastante inteligente como para no olvidar por completo el cultivo del arte, sino que lo convirtió en su pasatiempo favorito. Al finalizar sus estudios en Schaffhausen y tras una estancia en Neuchactel, Hermann partió a Zurich para estudiar Medicina en esta ciudad. Tenía entonces diecinueve años.
Estudió psiquiatría con Eugen Bleuler y Carl Gustav Jung en la Clínica del Burghölzli. Allí se entusiasmó con las ideas Freudianas, mientras se iniciaba en la técnica de la asociación verbal.
Más tarde llegó a ser asistente, y después director de varios asilos: el de Munterlingen, cerca del lago de Constanza, el de Munsingen, cerca de Berna, y finalmente en Herisau, en el cantón de Appenzell. Polígloto, curioso de todas las culturas, amante de las artes y los viajes, y siempre en busca de un universo distinto del mundo visible, se apasionó por el "alma rusa" y pasó primero una temporada en Moscú, en 1906, y después otra en Kazán, en 1909, adonde fue a reunirse con su novia, Olga Stempelin, quien iba a ser su esposa y colaboradora.
Lo mismo que a Sigmund Freud, lo marcó la lectura de La novela de Leonardo da Vinci, obra de Dimitri Merejkovski (1865-1941) publicada en San Petersburgo en 1902, y en particular el pasaje en el cual Giovanni Boltraffio (1466/67-1516) narra de qué modo el maestro, a la manera de la klexografía, hacía surgir una "quimera de fauces abiertas" siguiendo con el dedo las manchas de humedad de un viejo muro: "A menudo sobre las paredes -decía-, en la mezcla de las piedras, en las fisuras, en los dibujos del moho del agua estancada [ … ], he encontrado semejanzas con sitios maravillosos, con montañas, con picos escarpados, etcétera."
En el momento de la ruptura entre Jung y Freud, Rorschach optó por el Freudismo, lo que no le impidió continuar empleando un vocabulario en gran medida junguiano.
En 1919 fundó con Oskar Pfister y Emil Oberholzer la Sociedad Suiza de Psicoanálisis (SSP), en cuyo seno desempeñó un papel importante. Como muchos profesionales de esa generación pionera, practicó el psicoanálisis sin haber sido él mismo analizado.
En Herisau, durante los tres últimos años de su breve vida, redactó la gran obra que lo haría célebre: se publicó en 1921 con el título de Psychodiagnostik. En ella Rorschach definió el principio del test proyectivo destinado a explorar el mecanismo de las representaciones imaginarias de niños y adultos, haciéndoles expresar asociaciones verbales a partir de las manchas.
Su tratado se inspiraba a la vez en el método junguiano, en el estudio experimental de Kerner y en la concepción Freudiana del inconsciente.
El libro reflejaba plenamente la verdadera fascinación que ejercía sobre Rorschach el dominio del sueño, de las alucinaciones, del delirio, de la locura.
Heredero de la tradición romántica alemana, trató de definir dos funciones principales de la actividad psicológica: por un lado la introversión (es decir, el mundo de las imágenes interiores, de la creación, y por lo tanto de la "Kultur"), y por el otro la extraversión (es decir, el ámbito de la relación social, de los colores, de las emociones, y por lo tanto de la "civilización").
Desde este punto de vista, pensaba que su psicodiagnóstico era una clave universal capaz de descifrar las culturas humanas del pasado y el presente. Pero, como todos los pioneros suizos de esa psiquiatría dinámica de inspiración protestante, aspiraba también a ser un reformador, un educador racionalista.
De modo que fue a la vez un científico moderno, a la manera de Freud, y un alienista a la antigua, todavía impregnado de espiritismo, de ocultismo, de historias de adivinación y bolas de cristal. Cuando utilizaba su test para atender a sus enfermos, no vacilaba en mostrarles otras imágenes a fin de estimular sus reacciones: gatos verdes, ranas rojas, leñadores abatiendo árboles con la mano izquierda, etcétera.
Si hubiera vivido más tiempo, habría sin duda escrito la otra gran obra en la que trabajaba con entusiasmo: una historia de las sectas suizas. Hablaba de esa obra con fervor a sus allegados, y había reunido una considerable documentación sobre el tema.
Después de estudiar a la secta de la Waldbrüderschaft (Fraternidad de la Selva), cuyo gurú predicaba el incesto y la adoración de su pene y su orina, bosquejó una concepción general del fenómeno, demostrando que las sectas aparecían en regiones donde era inexistente el interés por la política. Clasificó a los discípulos y los profetas, distinguiendo a los esquizofrénicos de los simples neuróticos: cuanto más importante era la locura del jefe, más profunda resultaba la acción transferencial, y en mayor medida la mitología enseñada expresaba pulsiones inconscientes.
El 1 de abril de 1922, Hermann ingresó en un estado amenazadoramente grave en el hospital de Herisau. Desde hacía una semana venía padeciendo de dolores en el bajo vientre, mas a pesar de las recomendaciones de diversos médicos no había sido ingresado en el hospital para su tratamiento.
El médico jefe, Dr. Looser, diagnosticó una grave peritonitis difusa acompañada de ictericia. Una laparotomía exploradora demostró que el estado era ya inoperable. Como única medida quirúrgica se dejó un drenaje de goma en la incisión operatoria y otra incisión paralela fue drenada con gasa. Tras la intervención se practicaron infusiones intravenosas.
El paciente falleció a las diez de la mañana del 2 de abril de 1922. En la autopsia realizada al día siguiente no pudo comprobarse con seguridad si la causa del fallecimiento había sido una inflamación aguda o bien una perforación del ciego.
Hermann Rorschach fue enterrado el día 5 de abril en el cementerio de Nordheim, en Zurich. Pronunció el discurso fúnebre su viejo amigo el párroco y psicoanalista Oskar Pfister, que habló a los presentes de la actitud estoica de Rorschach y de sus cristianas palabras pronunciadas antes de la muerte.
El Prof. Eugen Bleuler habló de su fallecimiento como de una trágica e irreparable pérdida, no sólo para su familia, sus amigos y colegas, sino asimismo para la ciencia, y lamenté el hecho de que ninguno de ellos sería capaz de proseguir y completar la obra del genial investigador.
Podemos suponer que sentía un profundo respeto ante los enigmas del Universo, de la vida y del hombre. En este sentido era una persona religiosa, aun cuando parece haber otorgado poca atención a la religión convencional y a sus prácticas.
Como ciertos filósofos del Romanticismo alemán, imaginaba una corriente espiritual fluyendo a través de las centurias y expresándose de modo múltiple en la vida de los pueblos y de los individuos humanos. Le preocupaba la idea de hallar una clave para descifrar y comprender todas estas múltiples formas de manifestación, que, en su opinión, sería necesario encontrar en el ámbito de la fantasía creadora.
Hacia finales de su vida creyó haber hallado la solución definitiva a tales problemas. La expuso, si bien de forma muy incompleta y poco clara, en su obra más importante: el Psicodiagnóstico.
* Psicopsi.com
* "Vida de Hermann Rorschach" - Autor: Dr. Henri Ellenberger.
