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lunes, 7 de octubre de 2024

DR. JOHANN GEORG WIRSUNG

En el transcurso de la vida hay médicos y sabios ilustres que toda su vida se dedicaron a la investigación y que han sido un ejemplo de abnegación y de altruismo. También existe un gran número para quienes la muerte estuvo lejos de ser coronada de méritos en su bella y noble carrera.
La muerte de algunos se presenta a los ojos de la posteridad como una despiadada ironía de la suerte.
El anatomista Wirsung, cuyo nombre ha quedado atado y destinado al canal excretor del páncreas, del cual demostró su existencia -conocido por su fin más trágico y menos conforme con el ideal que animaba su vida- falleció, en efecto, asesinado por un estudiante de nacionalidad belga que alimentaba su atención con un odio feroz.
Es la historia de este memorable anatomista y hábil cirujano, Johann Georg Wirsung, dueño de una vida tan emocionante y de su muerte tan dramática.
Debemos creer que el infortunio y la ingratitud humana debía pesar sobre toda la vida de Wirsung, pues a pesar del ardor que él subrayaba en sus trabajos de disección y su pasión comunicativa por la anatomía humana que profesaba en L´Ecole d´ Anatomie de Padoue, no obtuvo el grado de Lector (Lecteur) Público, lo que permite pensar que no fue jamás oficialmente titular de una cátedra en la universidad.
Johann Georg Wirsung nació el 3 de julio de 1600 en Munich, Alemania.
Surgen dificultades en cuanto al establecimiento del año de su nacimiento y de la ciudad natal del anatomista. Esto se debe a que el epígrafe mortuorio menciona que Wirsung fue asesinado el 22 de agosto de 1643, a la edad de 43 años. Así que hemos podido conocer el año de su nacimiento.
En cuanto a la ciudad natal, las opiniones son muy divergentes. Numerosos autores –el anatomista Portal entre otros– se basan en ciertos documentos, los cuales dan por cierta una opinión sujeta a poca seguridad, según la cual Wirsung nació en Augsburg. 
En realidad Wirsung, en textos auténticos, señaló su inscripción en la Universidad de Padua y después, en su profesión de fe, sostuvo que había nacido en Mónaco, declarándose Bavarois, lo que fue reproducido en su epígrafe mortuorio.
El hecho que haya nacido en Augsburg no se  apoya en ningún argumento irrefutable, y es lógico fiarse en la palabra del mismo anatomista, así como en el epígrafe.
Wirsung nació entonces en Mónaco de la Baviera, es decir, Munich. La presencia de Wirsung en Padua (Padove) está probada por un documento que testimonia su inscripción en la Universidad de los Artistas el 8 de noviembre de 1629, en esta ciudad donde debía vivir, trabajar y morir.
El 19 de marzo de 1630 Johann Georg Wirsung, de Mónaco de Baviera, hijo de Georg, estudiante de Arte y Medicina, en presencia de dos estudiantes –uno vienés y otro tirolés– respondió de su fe católica,
presentaron el juramento ritual e hicieron profesión pública de fe católica. Cuatro días más tarde, el sábado 23 de marzo, Wirsung era promulgado Doctor en Medicina y Filosofía en la Universidad de Padua.
Fue entonces que ambos relataron en sus escritos las disecciones y las investigaciones apasionadas de Johann Georg sobre el canal del páncreas. 
En 1642 Wirsung descubrió el canal pancreático, y al año siguiente en una carta fechada del 7 de julio de 1643, hizo parte de este descubrimiento a Jean Riolan, de 23 años, su Profesor de Anatomía en París, en testimonio de su admiración y de su amistad respetuosa.
Era esta una época donde el mundo sabio correspondía en latín y Riolan publicó íntegramente esta carta (Riolan J. Opera Anatomica, Lutetia Parisiurum, M.DC.XLIX). Ella nos enseña que fue alumno de Jean Riolan en París, y de Gaspar Hoffmann en Altdorf, anunciándoles que había descubierto el canal pancreático no solamente en el cuerpo humano de un adulto, sino también en el recién nacido y en el feto, así como en animales de especies variadas donde había investigado con esmero y cuidado. 
En la misma carta adjuntó una figura ilustrando el canal pancreático humano en el hombre. La placa de cobre, grabada, que sirvió para imprimir esta figura, está precisamente conservada en el Instituto de Anatomía de Padua, de donde otras copias fueron sacadas a continuación por el Profesor Favaro.
Entre las historias que describieron algunos hechos de la vida de Wirsung, Gonzatti exageró los méritos del anatomista, sosteniendo que este último había él mismo grabado la placa de cobre: cometió en realidad, un error en la traducción del documento. 
Volviendo al texto latino, uno percibe, en efecto, que interpretó un término en el sentido de “grabar” en lugar de “prosector”, como lo hizo Wirsung al lado de Vesling.
Jean Riolan respondió a Wirsung, pero éste no encontró en la respuesta del augusto profesor parisino el capricho que él había esperado y finalmente él fue engañado.
El 22 de agosto de 1643, a la caída de la noche, mientras Wirsung hablaba sobre el escalón de su puerta con algunos amigos, Jacopo Cambier, estudiante de nacionalidad belga que le había consagrado una profunda aversión por un motivo privado, se acercó a él prácticamente a su alcance, le disparó con un arcabuz y murió casi instantáneamente. La víctima, muriendo, dicen los textos de la época, pronunció el nombre de su asesino (Premuda L, Gamba A).
Johann Georg Wirsung fue sepultado en el claustro de la Chapelle Saint-Antoine a Padove.
No poseemos desgraciadamente más documentos sobre el proceso provocado que fue instruido en Padua. Raros son los procesos criminales de esta mitad del siglo que han sido conservados en los Archivos Municipales de Padua. Es cierto que han sido guardados; es doloroso que falte aquel del asesinato de Wirsung.
Todo bien considerado, poco importa la pena incurrida por el asesino, pues interesantes descubrimientos compensaron esta laguna y brindaron a los historiadores la satisfacción de rectificar un error importante cometido por el sujeto de la nacionalidad del criminal.
El Profesor Vlalovich, en 1892, en una comunicación a la Academia de Ciencias, Letras y Arte de Padua, atrajo la atención sobre el hecho que el asesino no era un dálmata, como se había creído hasta entonces, y pidieron que nuevas verificaciones de los textos fueran efectuadas.
Jacopo Cambier, el verdadero asesino, no fue sólo incriminado en el acto mortal; otros dos estudiantes, cómplices o encubridores, fueron igualmente traducidos en la justicia: uno, Nicasio Cambier, pariente próximo –primo o hermano– del precedente, y el otro cuyo nombre ha quedado desconocido.
Los dos parientes Cambier eran de nacionalidad belga; es el tercero aquél cuyo nombre ignoramos que era dálmata.
Auténticos documentos prueban, en efecto, que Jacopo y Nicasio Cambier habían sido inscriptos en los registros de la Universidad, como eran de nacionalidad belga, Jacopo, el 26 de enero de 1641; y Nicasio el 19 de julio de 1643.
Es por la continuación de un contrasentido en la traducción de los textos latinos que uno inscribió en los registros que los tres individuos eran dálmatas cuando sólo el tercero era de dicha nacionalidad.
Morgagni, que fue profesor de anatomía en Padua, transcribió con toda buena fe esta interpretación errónea. Su notoriedad explica claramente el crédito universalmente acordado, por error o por culpa, a esta pésima traducción.
He ahí por qué ciertos tratados o diccionarios mencionan todavía que Wirsung fue asesinado por un dálmata, aún cuando lo fue en realidad por un belga.
Tres cuestiones apasionaron mucho tiempo a los médicos, cirujanos y anatomistas que se interesaron en la vida de Wirsung: ¿Cuáles fueron las razones que determinaron el crimen? ¿De qué manera la muerte fue provocada? ¿Qué valor atribuir en el descubrimiento del canal pancreático?
Las hipótesis sobre los móviles del fin trágico de Wirsung fueron arruinadas con mucha tinta. Numerosos autores, y en particular De Graaf, Kerckring y Munnick, sostuvieron la tesis de la envidia, de los celos. Todavía aquella puede ser de dos órdenes; o bien se trataría de una envidia por los cursos que él dictaba en la Universidad, o bien por la envidia y celos por el descubrimiento del canal pancreático.
Es real que este descubrimiento del canal pancreático, junto a la autoridad que irradiaba su personalidad, le había conferido un éxito prodigioso en el mundo estudiantil. Algunos se presentaban deseosos a la Universidad de Padua para asistir a los cursos de Johann Georg, tan didácticos y tan plenos de entusiasmo, que ellos conmovidos concurrían a veces al triunfo del expositor.
No es impensable que un éxito tan brillante haya suscitado un celo tan odiado. Sin embargo, Dante Bertelli, refuta la tesis del celo bajo una u otra forma y admite que un “motivo privado” fue el origen de la muerte dramática de Wirsung.
Numerosos autores en sus escritos han cometido graves errores sobre la forma en la cual Wirsung fue asesinado; todos son debido a pésimas interpretaciones de los textos. Ninguno de ellos ha dicho, en efecto, que Wirsung había sido asesinado en pleno auditorio, mientras dictaba un curso. Otros han sostenido que había sido víctima del asesinato en su propia casa; otros señalaban que sufrió la muerte asesina al salir de un cabaret, a medianoche o entrando en el.
Destacados autores han pretendido que el anatomista había sido víctima de este atentado largo tiempo después del descubrimiento del canal, hacia la edad de 50 años. Ninguna de estas opiniones se basa en argumentos valederos. Deidier se deja llevar por la fantasía imaginativa cuando escribe: “Wirsung fue asesinado por su camarada, por haber publicado este descubrimiento sin comunicárselo, aunque ellos hubieren trabajado juntos en Montpellier para encontrar este canal”. 
Jamás fue comprobado que el anatomista estudió en esta ciudad universitaria.
En realidad Wirsung fue muerto, sobre el paso de sus puertas a la caída de la noche, mientras hablaba con sus amigos. Ciertos anatomistas quisieron robar o llevarse el mérito de Wirsung, sosteniendo que en 1641, el año que precedió al descubrimiento en el hombre, Moritz Hoffmann, que fue profesor en Padua, le mostró el canal pancreático en el pavo. Los escritos de Schenck y de Thomas Bartholin, que permanecían en Padua en la época en la cual Wirsung hizo su descubrimiento, hacen entender claramente que Wirsung descubrió el canal en 1642 en el hombre, pero que Moritz Hoffmann le mostró a Johann Georg en 1641 en el pavo.
Anatomista él mismo, el hijo de Moritz Hoffmann se hizo el campeón de la reivindicación de su padre.
En su tratado de Anatomía Humana el Profesor Charpy escribió igualmente: “El canal pancreático fue descubierto en 1641, en el pollo por Hoffmann, que enseñaba en Padua y en Altdorf, y en 1642 sobre el hombre por su alumno Wirsung”. Uno perdonará seguramente al célebre anatomista francés su ligero error concerniente al animal de corral, pero puede ser menor aquello de no haber precisado de cuál raza de los Hoffmann se trataba. Hemos visto que existían numerosos.
A favor de Wirsung, los anatomistas más competentes publicaron poco después de 1642, y le atribuyeron toda la gloria del descubrimiento del canal, aun sin mencionar el nombre de Moritz Hoffmann.
Vesling escribió que Wirsung no fue guiado en sus investigaciones por los trabajos de Hoffmann, pero que él los descubrió por azar en el hombre, e hizo enseguida la anatomía comparada -ciencia muy en boga en la época- a fin de verificarlo en el animal. Vesling concluyó que Wirsung fue realmente el descubridor del canal pancreático.
Es necesario reconocer, sin demostrar parcialidad, que Wirsung tuvo el coraje de publicar su descubrimiento en la carta a Jean Riolan y que aún si Hoffmann lo mostró en el pavo, lo que él pensaba ser el canal pancreático, ningún mérito puede ser quitado a Johann Georg.
Los grandes descubrimientos no se realizan en un solo tiempo; exigen largas y laboriosas investigaciones. Es frecuente que una chispa, un centelleo, emitido en otra parte, haga brotar una luz de un gran cerebro.
Es real que Hoffmann no mencionó nada de su descubrimiento antes de que Wirsung hubiera publicado su carta a Riolan. Moritz Hoffmann no expuso su reivindicación luego de la muerte de Wirsung, y de este hecho no parece que él tenga ningún derecho en el descubrimiento del canal pancreático.
Que nos sea permitido aportar aquí una opinión personal.
No sabemos profundizar un estudio de criminología. Es difícil tres siglos más tarde censurar sobre los motivos de un crimen que sucedió en una época donde el ser humano, socialmente menos evolucionado,
arreglaba fácilmente sus cuentas en la ilegalidad.
Nos inclinamos estudiando los problemas de la psicosociología actual y pareciera que un motivo privado del asesinato debe casi obligatoriamente pertenecer a una de las cuatro grandes causas siguientes:
# ¿Un asunto político? Esto es poco probable. Wirsung había vivido esencialmente como un hombre científico.
# ¿Una rivalidad amorosa? Poco verosímil igualmente, pues los textos de la época no dejan ninguna duda sobre la gran probidad de Wirsung.
# ¿Un asunto de dinero? En este tiempo en el cual no se especulaba no se pudo tratar de una deuda de juego. Esto es inconcebible.
# ¿Una envidia profesional? Es la causa más verosímil.
Estas ambiciones profesionales desmedidas, estas carreras por los títulos, estas reivindicaciones de distinciones honoríficas desencadenan las pasiones y pueden llevar a una envidia provista de crimen.
No es posible considerar que Jacopo Cambier había sido indiferente al éxito triunfal de Wirsung. La envidia ha avivado intensamente, o bien engendrado, el odio, y si hubo un motivo privado, tan pequeño que fuere el origen del crimen, ha sido la causa determinante. No lo fue, no ha sido la causa. La envidia ha desencadenado la causa profunda e inconmovible.
Tampoco es racional que Jacopo Cambier, un estudiante que trabajaba en el pabellón de disección de Wirsung, hiciera valer, un poco presuntuosamente, sus derechos en el descubrimiento del canal pancreático, y el maestro por toda respuesta a este deseo temerario le soltara en público una de sus humoradas irónicas que hiciera reír a la gente. Este hecho sería suficiente para desencadenar la llama de la criminalidad sobre un fondo de envidia latente.
Pero liberemos la imaginación, y volviendo a los hechos positivos, Johann Georg Wirsung fue un apasionado de la disección, un gran anatomista y un diestro cirujano: fue alumno de Jean Riolan, descubrió el canal pancreático que lleva su nombre y así murió prematuramente un héroe de la ciencia.
Es justa su inmortalización por su descubrimiento del canal principal excretor que generaciones de anatomistas, de cirujanos, de médicos, de profesores que continuaron e insistieron en llamar comúnmente en el ejercicio de su profesión: el canal de Wirsung.

* Dres. Jorge L. Corbelle y Néstor A. Pinca - Revista de la Asociación Médica Argentina, Vol. 125, Número 4 de 2012.

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