Charles Nicolle nació en Rouen, Francia, el 21 de septiembre de 1866.
Su padre era médico y ejercía en el hospital local.
Fue alumno del liceo Corneille de esta ciudad, donde, a los 18 años, comenzó también sus estudios de medicina. Después de tres años marchó con su hermano mayor Maurice a París. Éste último ejerció en los hospitales de París y llegó a ser, más tarde, director del Instituto Bacteriológico de Constantinopla y uno de los profesores del Instituto Pasteur.
Charles prosiguió sus estudios de medicina en París, donde fue interno con el anatomopatólogo Gombault, y en el Instituto Pasteur trabajó con Émile Roux. Allí se encargó de las demostraciones microbiológicas y preparó su tesis doctoral titulada Recherches sur la chancre mou, que leyó en 1893.
Regresó a Rouen y pasó a formar parte de su Facultad de Medicina.
En 1896 fue nombrado director del Laboratorio de Bacteriología. Allí se casó con Aline Avice; tuvieron dos hijos, Marcelle y Pierre.
Su sordera progresiva hizo que se decantara por trabajar en el laboratorio; apenas mantuvo una actividad profesional privada o en los hospitales. En Rouen se encargó de difundir la naciente microbiología y trabajó activamente en las campañas contra la tuberculosis y las enfermedades venéreas.
En un tiempo récord, por suscripción pública y con las ayudas de diferentes instituciones, puso en marcha un centro de seroterapia.
En 1900 fundó con sus colegas la Revue Médicale Normande, que luego pasó a llamarse Normandie Médicale. Con tal actividad se produjo un inevitable choque con el mandarín médico local, el profesor Brunon, de mentalidad conservadora, que era decano de la Facultad de Medicina, y que trató de utilizar para otros fines las partidas reunidas para fabricar sueros.
En este contexto, en 1903 aceptó el cargo de director del Instituto Pasteur de Túnez, donde permaneció hasta su muerte. Era entonces un modesto laboratorio en un país que por entonces era un protectorado francés.
Los primeros trabajos de Nicolle se relacionaron con el cáncer y con la preparación del suero antidiftérico. Durante su estancia en la ciudad de Túnez, el Instituto Pasteur se convirtió en un lugar de referencia para todo el mundo médico. Sus principales líneas de investigación eran entonces el estudio microbiológico, la preparación de vacunas y de sueros para combatir las enfermedades infecciosas. Pero su actividad no se paró ahí sino que hizo lo posible para luchar sobre el terreno contra las enfermedades infecciosas así como para crear medidas para prevenirlas, También se convirtió en un militante convencido de la educación sanitaria.
Desde los comienzos Nicolle se sintió interesado por el tifus exantemático, que entonces era endémico en Túnez. Pero también se ocupó del paludismo, el Kala-Azar infantil, la brucelosis, el botón de Oriente, la lepra, el tracoma, la fiebre recurrente, la escarlatina, la gripe, etc.
En 1909 en dos notas remitidas a la Academia de Ciencias y firmadas con Ernest Conseil y Charles Comte, anunciaba que había probado la responsabilidad del piojo en la transmisión hombre a hombre de la enfermedad, y que lo había probado también con los monos.
Además, pudo conservar el agente mediante pases en cobayas y mostró el papel de las deyecciones de las pulgas en la transmisión de la enfermedad. La profilaxis era, pues, esencial, y así jugó un papel importante en el frente francés entre 1914 y 1918.
El tifus exantemático, pues, es una enfermedad infecciosa febril grave causada por Rickettsia prowazekii y transmitida al hombre por el piojo Pediculus humanus corporis. En la actualidad esta clase de tifus se encuentra confinada a regiones montañosas de América del Sur y Central, México, África central y diversos países asiáticos.
En 1908 identificó la forma infantil del Kala-Azar en niños con una gran esplenomegalia y fiebre, y constató la presencia de la Leishmania tras descubrir el papel del perro como reservorio y vector del parásito. También pudo cultivar otro tipo de Leishmania, la responsable de la enfermedad llamada botón de Oriente. Sus hallazgos sobre la fiebre de Malta o brucelosis (el serodiagnóstico y la vacuna preventiva) también fueron decisivos para que se estableciera una profilaxis y disminuyera la situación endémica en la zona.
En 1909 junto con Manceaux identificó el toxoplasma en un pequeño roedor.
En 1912 se interesó por la fiebre recurrente, en la que siguió trabajando durante la primera gran guerra. Después, a pesar de haber perdido a muchos colaboradores continuó con el tema.
Follet y Sergent describieron en 1908 el papel de la pulga en la infección, pero Nicolle encontró una anomalía biológica en la contaminación: la infección por la espiroqueta que se encuentra en la endolinfa y no en la saliva o deyecciones de la pulga (más tarde se llamó Borrellia recurrentis) se producía al aplastar la pulga sobre una herida o excoriación.
La enfermedad se caracteriza por escalofríos y la fiebre elevada que se puede asociar a cefalea, vómitos, mialgias y fotofobia. A veces se observa sufusión conjuntival, petequias y molestias abdominales con hepatosplenomegalia. Este es el tifus murino, enfermedad febril aguda causada por Rickettsia typhi.
El reservorio es la rata doméstica (Rattus norvegicus o rattus), y el vector de transmisión es la pulga de la rata (Xenopsylla cheopis) por picadura al hombre o por excoriación cutánea de sus heces. No se transmite de persona a persona.
Nicolle también trabajó en la naturaleza vírica de la gripe y del sarampión y en muchas técnicas de laboratorio. El método de Nicolle para secciones consiste en: azul de Löffler, de 1 a 3 minutos; lavado en agua; solución de ácido fénico al 10% unos pocos segundos; lavado en agua; alcohol absoluto, esencia de clavos, xilol, bálsamo de Canadá.
Recibió en vida muchos premios y condecoraciones. Fue elegido miembro de la Academia de Medicina, ganó el Prix Montyon en 1909, 1912 y 1914 y el Prix Osiris en 1927. También fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias y, en 1932, sucedió a D'Arsonval en la cátedra de medicina y fisiología del Collège de France. En 1928 le fue concedido el Premio Nobel de Medicina.
Murió en Túnez el 28 de febrero de 1936.
Un relato personal de Charles Nicolle
"Como todos los que habían estado viniendo al hospital musulmán de Túnez a lo largo de los años, todos los días veía a enfermos de tifus acostados junto a pacientes con toda clase de problemas de salud en las salas. Como los que me precedieron, todos los días presenciaba con indiferencia el hecho de que nunca hubo ningún contagio por un contacto tan cercano, una situación extraña y que no debería haber existido dada la naturaleza altamente contagiosa de la enfermedad. Los pacientes de las salas de los enfermos de tifus simplemente no contraían la enfermedad. Sin embargo, durante los brotes, el contagio se extendía en las oficinas de aduanas y los barrios, e incluso entre el personal del hospital que admitía a nuevos pacientes".
"Los médicos y las enfermeras se contaminaban en el campo y en Túnez, pero no en las salas de los hospitales. Una mañana, un día como cualquier otro, pensando sin duda en el enigma del modo de contagio del tifus, aunque no de manera consciente (de eso estoy seguro), me disponía a entrar en el hospital cuando un cuerpo humano, tendido al pie de la escalera, me detuvo en seco. Era habitual ver a los pobres indigentes, enfermos de tifus delirantes de fiebre, llegar a un centímetro del hospital con su paso demente y caer exhaustos en los últimos escalones. Como era habitual, pasé por encima del cuerpo. Y fue en ese preciso instante cuando me di cuenta".
"Cuando entré en el hospital, unos instantes después, tenía en mis manos la solución. Sabía sin dudarlo que ésa tenía que ser la respuesta. El cuerpo y la puerta delante de la cual yacía me habían indicado el punto en el que el tifus había cesado. Para que el tifus se detuviera, para que el contagio que se extendía por el país y por Túnez mismo se volviera inofensivo una vez pasado el punto de ingreso, el agente de contagio no debía cruzar ese umbral. Pero ¿qué ocurría en ese umbral? Al paciente lo despojaban de sus ropas, lo afeitaban y lo lavaban".
"Así que lo que le provocaba el contagio era algo extraño, que llevaba en la ropa interior, sobre la piel. No podían ser más que piojos. Lo que yo ignoraba el día anterior, lo que nadie que hubiera observado el tifus desde el principio de los tiempos -ya que se remonta a la antigüedad- había notado, la solución incuestionable, inmediatamente obvia, en cuanto al modo de transmisión, me acababa de ser revelada".
* Instituto Pasteur
* José L. Fresquet. Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación, Universidad de Valencia-CSIC. Octubre, 2002.

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