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miércoles, 4 de diciembre de 2024

DR. GEORGE BELA UDVARHELYI

George Udvarhelyi es emblema del médico cosmopolita, que por diferentes circunstancias de la vida y momentos históricos, vivió en carne propia el fenómeno de migración profesional vigente en el siglo pasado. 
Nacido en Budapest, Hungría, el 14 de marzo de 1920, estudió Medicina en Budapest, en Viena y luego en Suiza. 
Se formó en neurocirugía en Argentina, Alemania, Suecia, Escocia y Estados Unidos de Norteamérica en donde finalmente se radicó. 
Aunque vivió solamente cinco años en Argentina, la consideraba muy importante en su vida y carrera profesional. Además, su estancia en Argentina se vio íntimamente ligada a los sucesos históricos que se desenvolvían en ella y, de acuerdo con sus comentarios, tuvo una participación directa en el tratamiento antálgico realizado a Eva Perón.
Luego de recorrer el mundo, el doctor Udvarhelyi finalmente se instaló y trabajó durante varias décadas en el Hospital Johns Hopkins, en Baltimore (Maryland, EE. UU.), en donde llevó a cabo una prolífica actividad académica y un fructífero desarrollo cultural en favor de dicha institución. 
Una de sus mayores contribuciones fue traer de Edimburgo a Baltimore el abordaje transesfenoidal de la hipófisis a finales de 1960, reintroduciendo esa técnica utilizada por pioneros al comienzo del siglo y luego abandonada por complicaciones posoperatorias. 
Uno de sus discípulos más brillantes es el doctor Edward R. Laws Jr., quien fue presidente de la American Association of Neurological Surgeons, la World Federation of Neurosurgical Societies y el American College of Surgeons, profesor en la Universidad de Harvard y Jefe de Neurocirugía de la Pituitaria del Brigham & Women's Hospital, Boston (Massachusetts, EE. UU.). 
El doctor Laws estuvo once años bajo la dirección de nuestro biografiado y luego fue uno de los mentores del doctor Daniel Nijensohn en la Clínica Mayo. 
El doctor Nijensohn conoció al doctor Udvarhelyi a través del doctor Laws, y con sus antecedentes argentinos en común, establecieron rápidamente una relación muy cordial.
Una vez completados sus estudios médicos en la Universidad de Budapest, de donde egresó como el primero de su clase («summa cum laude»), Udvarhelyi fue reclutado por el ejército y asignado a un hospital militar. 
Tras el asedio de Budapest y la llegada de las tropas soviéticas, se encontró en un tren con destino a una mina en Siberia, del cual logró escapar saltando del tren en movimiento; posteriormente fue miembro de la resistencia húngara contra la ocupación nazi.
En una entrevista del periódico Baltimore Sun, en 1995, narró sobre su participación como mensajero de la red de Raoul Gustav Wallenberg, el diplomático sueco en Budapest que salvó a miles de judíos húngaros al otorgarles pasaportes y asilo diplomático, pero que desapareció misteriosamente en Rusia.
Tras obtener el título de Médico y con un temprano interés en la Neurociencia, trató de seguir sus estudios en Neurología en Viena y luego en Suiza, pero las frustraciones que aparecían en cada momento en una Europa devastada por la guerra lo impulsaron a emigrar. 
Su meta inicial era la de llegar a los Estados Unidos, pero viendo que esto era prácticamente imposible aprovechó la oportunidad de continuar sus estudios en la Argentina. 
En 1948, aceptando una invitación para trabajar con un inusual científico alemán que había mudado su laboratorio experimental a Córdoba, se trasladó a Argentina, en donde aprendió español. La situación laboral que tuvo que afrontar fue muy difícil, pero lo inspiró a proseguir una carrera en Neurocirugía. En Córdoba, trabajó junto a los neurocirujanos Manuel Albarenque y Ernesto Martín Osácar, desempeñándose como un entusiasta aprendiz y eficaz asistente. 
Fue médico residente en la División de Neurocirugía del Hospital Español de Córdoba.
En febrero de 1948 Udvarhelyi subió a un vapor en Génova para viajar a la Argentina. 
En la entrevista del Baltimore Sun manifestó que le desagradó y asombró el encontrar en la cubierta del barco como pasajeros a algunos miembros de la Schutzstaffel (SS) y representantes nazis en Budapest, vestidos ahora de civil, que se escapaban a América del Sur.
En una memoria inédita, escribió: «De pronto me di cuenta de que la Argentina podía ser un refugio para los elementos dudosos que sobrevivieron a la guerra y cambiaron sus vestimentas y personalidades para adaptarse a una nueva existencia. Era evidente que Perón tenía toda esta gente de la SS en calidad de asesores».
Con el florecimiento de su amor por la Neurocirugía y el desencanto con el trabajo de investigación que estaba llevando a cabo en Córdoba, aprovechó una oportunidad para trasladarse a Buenos Aires, en donde comenzó a trabajar con el doctor Ramón Carrillo en el Instituto de Neurocirugía Costa Buero. 
Ahí fue muy querido y exitoso, incluso pudo abrir un consultorio privado. Es evidente que gozó la cultura y estilo de vida de la ciudad capital, donde hizo muchos amigos y vivió numerosas aventuras. Entre ellas figuran dos expediciones de montaña a la Patagonia, que disfrutó sobremanera y mencionaba a menudo. 
Durante el curso de su trabajo profesional en Buenos Aires estuvo, al menos en cierta medida, involucrado en la atención médica de Eva Perón, quien sufría de dolor intratable por cáncer metastásico.
El 26 de julio de 1952 Eva Perón murió a la temprana edad de 33 años como consecuencia de un carcinoma de cuello uterino. El doctor Udvarhelyi declaró haber participado en el tratamiento antálgico de la primera dama, quien sufrió durante los últimos meses de su vida intensos dolores provocados por la enfermedad metastásica ampliamente diseminada.  
Las evidencias indican que Eva Perón fue sometida a una lobotomía prefrontal con fines antálgicos en sus últimas semanas de vida, en 1952, para calmar el dolor secundario al cáncer metastásico de cuello uterino y a las quemaduras iatrogénicas por la radioterapia. Dicha intervención aparentemente fue realizada en la mansión presidencial por el neurocirujano estadounidense James Poppen, con la asistencia de David Fairman, del Instituto Roffo. 
Los cuidados de la enferma quedaron a cargo del equipo neuroquirúrgico del Instituto Costa Buero, del que era parte en ese entonces el doctor Udvarhelyi, dirigido por Ramón Carrillo y Raúl Matera, ambos neurocirujanos del círculo más estrecho de Perón.
Según el doctor Laws, esta experiencia en la Argentina sentó las bases para gran parte de su carrera posterior. 
Esos cinco años fueron cruciales para ayudarlo a madurar como neurocirujano, pues llegó a adquirir niveles inusuales de habilidad, erudición y entusiasmo. Durante este tiempo encontró modelos de conducta y logró alcanzar una profunda comprensión de los desafíos que enfrentaba la Neurocirugía en esa época. 
Con el propósito de completar su formación neuroquirúrgica, dejó la Argentina en 1953, regresó a Europa y permaneció en Alemania y Suecia.
Trabajó en Colonia con el profesor Tönnis, un neurocirujano de habilidad técnica poco común. 
En Suecia fue expuesto a la vanguardia de la Neurorradiología, mientras esta disciplina se desarrollaba y convertía en otra de sus áreas de gran interés y pericia. Sin embargo, continuó ansiando emigrar a los Estados Unidos. 
Debido a las persistentes dificultades laborales en Norteamérica, aceptó una beca en Edimburgo, Escocia. Allí estuvo bajo la influencia del profesor Norman Dott, quien también se convirtió en un modelo sumamente importante para Udvarhelyi.
No solamente aprendió mucho durante el tiempo que pasó en Edimburgo, sino que también se enamoró y se casó con la jefa de fonoaudiología del profesor Dott, Elspeth Campbell. 
Norman Dott se convirtió en el promotor permanente de la carrera de George y lo inició en el abordaje transesfenoidal para el tratamiento de tumores hipofisiarios, junto a Gerard Guiot, su condiscípulo, quien se hizo famoso por la reintroducción de esta técnica quirúrgica. 
El anhelo por conseguir un lugar en los Estados Unidos de Norteamérica finalmente se hizo realidad cuando obtuvo el ofrecimiento para mudarse a Baltimore y trabajar en el Hospital Johns Hopkins con el doctor Earl A. Walker. En ese momento el Hopkins era un semillero de progreso en muchas áreas de la Medicina, pero sobre todo en los aspectos académicos de la Neurocirugía. 
El doctor Walker le dio una oportunidad excepcional para desarrollar este campo y George fue el responsable de todo lo relacionado con la Neurorradiología. Cada día, a las 6:30 de la mañana, se llevaba a cabo una sesión para analizar en detalle todos los estudios del día y la noche anteriores. Innovaciones técnicas y progreso intelectual se producían casi a diario y fueron esenciales para la práctica moderna de la Neurología y la Neurocirugía. 
También desarrolló la primera Unidad de Accidentes Cerebrovasculares en los Estados Unidos de Norteamérica y luchó por el constante progreso del tratamiento de la enfermedad cerebrovascular. Asimismo, fue el responsable del desarrollo de un servicio integral de Neurología y Neurocirugía Pediátrica, pues fue muy conocedor y experto en esta subespecialidad. 
Tal vez a partir de su vinculación con Norman Dott y con la cirugía transesfenoidal, desarrolló también un gran interés en la enfermedad neuroendocrina y trabajó muy estrechamente con los endocrinólogos pioneros en el Johns Hopkins. 
Fue responsable de la reintroducción de la cirugía transesfenoidal en el Hopkins y se encargó de todos los avances técnicos necesarios para cumplir dicho cometido. 
Cuando enseñaba, era un ejemplo para todos sus colegas, residentes y estudiantes. Su conocimiento de la historia clínica y la historia de la neurociencia y su dominio de las referencias pertinentes lo convirtieron en merecedor de gran admiración.
El doctor Udvarhelyi llegó al Johns Hopkins en 1955 como becario en Neurocirugía. Eso fue un año después de que el doctor Kaplan regresara a Buenos Aires. Dos años después fue residente en Neurocirugía. Fue nombrado profesor de Neurocirugía en 1969 y profesor emérito en 1984. Durante este período, fue acreedor de un centenar de premios y reconocimientos por entidades locales e internacionales. 
En los laboratorios del Johns Hopkins se dedicó a estudiar la fisiopatología de la epilepsia, con especial énfasis sobre el mecanismo de generalización de las convulsiones desde focos corticales y subcorticales, y contribuyó al desarrollo de las hipofisectomías con radioisótopos así como de la rizotomía percutánea por radiofrecuencia.
Además, estudió la fisiopatología del dolor y los trastornos motores, la relación de los tumores del cuarto ventrículo con la anorexia nerviosa y el deterioro emocional y cognitivo secundarios al traumatismo encefalocraneano.
Menciona el doctor Laws que "George Udvarhelyi fundó la Oficina de Asuntos Culturales de la Escuela de Medicina Johns Hopkins. Fue esencial en el desarrollo de programas de música, arte, poesía, política e historia para el Centro Médico. Estos programas, así como las conferencias y charlas que se desarrollan, llevan su nombre". 
Al respecto, el doctor Udvarhelyi argumentó por años que "… después de atraer a los mejores y más brillantes estudiantes a la Escuela de Medicina, sencillamente se los mataba. Cuatro años como estudiante de Medicina, seis años como residente: diez años que no tienen tiempo ni para mirar un libro que no sea de Medicina, ni para escuchar música… Si no les damos un poco de tiempo libre para pensar, para disfrutar de estas cosas, es muy malo". 
Logró recaudar varios millones de dólares para iniciar a los estudiantes de Medicina en las Artes. Esta escuela fue la primera que ganó el premio del Fondo Nacional para las Humanidades para una Facultad de Medicina en los Estados Unidos de Norteamérica.
Sus discípulos recuerdan afectuosamente al doctor Udvarhelyi hablando sobre literatura, arte y música minutos antes de empezar una operación.
Laws concluye su relato agregando: «No hay duda de que la experiencia en la Argentina jugó un papel importante en la formación de las habilidades, intereses y entusiasmo de este notable neurocirujano. Fue desafiado e inspirado por muchos de sus colegas y amigos en ese país. Fue un placer haberlo conocido y haber trabajado a su lado. Su influencia perdurará a través de aquellos a quienes inspiró, tanto profesional como culturalmente».
El doctor Udvarhelyi, padre de tres hijos y abuelo de diez nietos, falleció el 22 de junio del 2010 a los 90 años de edad, después de una caída, con fractura de la columna cervical. Su esposa Elspeth, quien también había sido directora del Globe Theatre de Londres, falleció en el 2009.
El nombre de George B. Udvarhelyi perdura en los pasillos de la Escuela de Medicina Johns Hopkins. El fue testigo y actor en el desarrollo de la Neurocirugía moderna, y partícipe del decurso histórico argentino durante un breve y trascendente período. 
Para concluir, la historia de su vida indica que esta disciplina quirúrgica, así como la ciencia médica en su totalidad, no tiene límites ni fronteras territoriales. Como él mismo escribió, "la inmigración es una carga pesada de llevar y requiere bastante talento de adaptación. Yo adquirí mi entrenamiento neuroquirúrgico básico durante los primeros doce años de mis andanzas por el mundo. Debo confesar que me siento muy feliz por haber presenciado este extraordinario desarrollo".

* Dres. Daniel E. Nijensohn, Edward R. Laws Jr. y Luis E. Savastano - NeuroTarget - 2011

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